Feo, el pato feliz /Coaching Social (Porción V):

Coaching Social: Ese desconocido que puede hacer tanto por ti  (Si lo prefieres a dedicarte a odiar a los demás).

Paseaba la mamá pata seguida de sus hijos patos. Los patos eran más patosos que la pata porque las patas de los patos eran más cortas que las patas de la pata. Pero daba igual. Iban todos muy felices, la pata y los  patos (el hecho real de que en la última puesta, de todos los huevos hubiesen salido patos y no patas, me viene genial para no liar más la narración: Pata igual a mamá, patos, igual a crías). Sin embargo, uno de los patos irradiaba una felicidad aún mayor, llena de luz propia, “multibrillante” como el aprobado de un hijo (por la felicidad del crío, por tu propio orgullo y porque te ahorras una pasta en profesores particulares). Este pato especialmente feliz caminaba en última posición. Mientras sus hermanos fijaban la mirada en la cola del de delante para no perderse, nuestro protagonista (hala, ya lo he dicho. No aguantaba más el secreto. Tenía que contarlo, sí este pato es el protagonista de nuestro cuento), perdía su mirada en dos direcciones opuestas: hacia las copas más altas de los árboles más lejanos, y hacia lo más profundo de su interior. ¡Feo! Oyó gritar el pato. ¿Sí mamá?, date prisa que te estás retrasando mucho. Vale, mamá. Efectivamente, nuestro amigo era un pato muy feo, y se llamaba Feo. Claro que no desde siempre. Al nacer, su mamá le puso Patouvecé, como un legendario ánade, que se supone había logrado habitar en los hogares de muchas personas. Pero sus hermanos, al ver desde el principio lo feo que era, le empezaron a insultar llamándole feo. Claro que no lo lograron. Lo de insultarle digo. Porque no hay insulto sin ofensa, y al todavía llamado Patouvecé, no le molestaba lo más mínimo que le llamasen feo. Un día se lo dijo a su mamá y a todos sus hermanos. Si soy feo, y todos me llamáis feo… ¿Por qué no me quedo con el nombre de Patito Feo? Seguro que no hay nadie, ni ahora ni nunca, que se haya llamado así. Feo demostraba así su gran personalidad (y también su gran ignorancia literaria). Después de una rápida negociación familiar, decidieron quitar lo de Patito, que sonaba muy cursi y así pasó a llamarse sencillamente Feo.

Durante un tiempo, sus hermanos probaron todo tipo de insultos, desde el derecho que les otorga el pensar que quien es diferente, piensa distinto, su bandera tiene más o menos estrellas, o no vive según las normas del grupo, debe ser cuanto menos insultado ya que no despreciado, que eso de despreciar así a alguien, aún sin conocerlo, sólo porque sienta de una forma distinta los colores (y no lo digo por los daltónicos) es, por desgracia para ellos, más humano que ornitológico. Así que siguieron diciéndole “horroroso”, “repugnante”, “desagradable”, hasta “asimétrico” llegaron a llamarle aunque sin saber qué significaba. Feo siempre decía: pues no sé si soy eso o no a vuestros ojos, pero yo estoy a gusto con cómo soy. La verdad es que no tenía mucho mérito que a Feo le resbalasen los insultos, dada la composición de su plumaje que rechaza el agua impermeabilizándole y permitiéndoles su vida en el lago. El caso es que pasado cierto tiempo, los patos se cansaron de meterse con su hermano y le aceptaron tal y como era para ellos, o sea, feo.

Cierto día en que  Feo y su familia reposaban en una orilla del lago, llegaron una nutria y un oso hormiguero (ya sé que tendría que escribir “la” nutria y “el” oso hormiguero, pero hay quien no sigue este blog y no sabe que son “habituales”), y Feo se acercó a ellos, ávido de conocer “gente” nueva. Hola, soy Feo. Y yo también y no lo voy diciendo por ahí, confesó el oso hormiguero. No, es que además de serlo, yo me llamo Feo. ¡Anda! Exclamo la nutria, vas de coherente por la vida. Lo intento, dijo Feo. Lo intentas pero no lo consigues, objetó la nutria. ¿Por qué dices eso?, preguntó Feo intrigado. Porque, aunque te llames Feo, no eres feo. Estéticamente eres de lo más normal “para ser una cría de cisne”. ¡Toma spoiler! Exclamó el oso hormiguero. ¿Qué tome qué? Preguntó Feo, que no sabía lo que era un spoiler, ni que él mismo era un cisne. No, nada, siguió el plantígrado, sencillamente, que eres un cisne, que para ser cisne no eres feo, y que cuando seas mayor serás un cisne precioso. Feo estuvo a punto de exclamarlo, pero prefirió sólo pensarlo con fuerza: “No me jodas”, y decir en cambio: “qué fastidio”. La nutria y el oso hormiguero se miraron extrañados y Feo siguió hablando, despacio mientras iba equilibrando las informaciones que recibía de su cerebro y de su órgano emisor de sensaciones y sentimientos (no sé cómo se llama en los patos ni en los cisnes), y dijo: os voy a pedir un favor. No le digáis a nadie que yo soy un cisne. Me gusta ser como soy. El sentirme más feo que los demás me ha ayudado a conformar mi personalidad, a ver el mundo desde una perspectiva mágica en la que me siento feliz. El oso hormiguero le dijo sonriente: Pues no habrás leído “El Patito Feo”, pero a Echeverría o alguno de esos seguro que sí: ¿Qué, dijo Feo? No, nada, respondió la nutria, que no te preocupes que de nuestra boca no va a salir nada que te perjudique. Pero por curiosidad, ¿qué harás cuando se te note que eres un cisne? Seguir siendo feliz, dijo Feo. ¿Y cómo? Preguntaron a la vez sus dos nuevos amigos. ¿Cómo?… Feo pensó un instante y respondió muy feliz: ¡Buena pregunta! Y con un alegre y cariñoso Cuac, se alejó nadando hacia su familia.

Vale, lo confieso. No era exactamente esto lo que quería escribir cuando empecé. Pero es lo que me ha salido. Así que si no os importa, os dejo que me contéis las posibles moralejas en vuestros comentarios. Gracias por adelantado.

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9 comentarios sobre “Feo, el pato feliz /Coaching Social (Porción V):

  1. Yo sigo pensando también en la tristeza del León. No olvides de traerle otra vez en la trama. En un puzzle todas las piezas son significativas

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  2. Me suena esta historia, justo la leo ahora.
    Me he imaginado negro el pato-cisne. Encantado de leerte. Hay una errata “… que no ter preocupes…”

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  3. Patouvecé…ésto me parece entrañable y muy divertido…
    Me gusta ser como soy, me quedo con eso. Y si no nos gusta tendremos que aprender a querernos…me quiero a pesar de los pesares…me gusto, no me gusto, me quiero a muerte, me quiero…no me quiero??? uffffpufffff
    aish coach…

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  4. Me encanta tu sentido del humor y haces divertido lo que tiene tremenda importancia. Lo importante es en realidad lo que nosotros seamos y estemos seguros de ser… siendo así es muy probable que hasta eres más “bello” que lo que en realidad algunos quieren hacerte creer. Mola la mezcla de autoestima objetiva y humildad ante los que no saben ver. ¡Bravo!

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  5. Me parece que Feo, antes de leer a Echeverría había entablado amistad con un coach llamado Fernando que le había prestado unas gafas que le hacían ver otros aspectos de la realidad y desde entonces se sentía más feliz.

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